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Día a día en Islandia

Hola boniteces,

Hoy me decido a escribir el post que tanto me habéis pedido: nuestro viaje a Islandia.

La verdad que hacía años que tenía muchísimas ganas de ir ya que todo el mundo que conocía que había estado me decía que era un país impresionante. Me habían hablado tan bien, que me daba miedo llevarme una desilusión, pero os juro que se quedaban cortos, jamás he visto un país tan hermoso y con unos paisajes tan espectaculares. Islandia nos ha enamorado y estamos deseando volver para poder explorar otras zonas.

Os voy a contar un poco el día a día ya que muchos, después de haber visto todas las fotos de stories, me habéis dicho que os han entrado ganas de ir y varios me habéis pedido que describa la ruta. Os lo recomiendo 100%, ha pasado a ser el viaje más TOP que he hecho, y creo que va a ser muy difícil superarlo. Os aviso que es un viaje caro, pero de verdad que vale la pena hacerlo.

Fuimos en mayo, en esta época hay deshielo y no todas las carreteras son accesibles pero pudimos hacer casi todo lo que teníamos planeado. En esta época del año apenas se hace de noche y hay luz durante casi todo el día. 

Nosotros hicimos el viaje con la empresa Catai. Pillamos un paquete de hoteles + avión + coche de alquiler. Queríamos hacer la ring road (la carretera circular). Esta carretera es la principal y por la que pueden ir todos los coches. Hay que tener en cuenta que si no se lleva un todoterreno hay carreteras a las que no se podrá acceder. Nosotros fuimos principalmente por esta carretera, pero al disponer de todoterreno, también fuimos a otros puntos saliendo de la principal. La ring road tiene una longitud de 1340 Km y apenas se ven coches. Esta carretera es la principal ruta de comunicación terrestre de Islandia. Es de doble sentido con un solo carril para cada dirección. Casi toda la carretera está asfaltada, pero hay tramos que son de tierra y gravilla. La mayor parte de la carretera transcurre pos zonas no habitadas donde se pueden ver paisajes espectaculares y animales campando a sus anchas. 

Empezamos nuestra ruta desde Reykiavik y recorrimos la isla en el sentido de las agujas del reloj. Yo recomendaría hacerla así ya que el sur es mucho más turístico y el norte es mucho más solitario y virgen. 

Día 1:

Este día lo perdimos entre aviones y aeropuertos ya que nuestro primer avión salió con una hora de retraso y perdimos la conexión. Así que los planes para esta tarde los decidimos pasar al último día de viaje.

Día 2:

El primer día en Islandia visitamos el parque de Thingvellir. Este valle, que crece cada año, surgió de los océanos de la isla. Separa las placas tectónicas de Norteamérica y Europa. Recorrimos un trozo de la grieta hasta llegar la la cascada Öxarárfoss.

Después decidimos ir a Glymur, la segunda cascada más alta de Islandia, con 190 metros. Para llegar a la cascada hay que hacer una excursión de unas 3h (ida y vuelta). El coche se deja en un aparcamiento donde apenas hay ningún coche. El camino hacia la cascada es precioso y lleva hasta un río.

Desde el río se debe cruzar por un tronco con la ayuda de un cable fijo, pero nosotros cuando fuimos, al ser época de deshielo, el tronco no estaba, solo lo ponen en verano, por lo que caminamos montaña arriba hasta poder ver la cascada desde lo alto. En esas pocas horas nos hizo sol, nos llovió y nos nevó. Volvimos al coche llenitos de barro pero con un sabor de boca inmejorable. 

Después de esto, llegamos al hotel y por suerte, contaba con hot spot, por lo que nos dimos una ducha y nos fuimos directos allí. 

Día 3: 

El segundo día hicimos toda la península de  Snaefellsnes, conocida por ser el escenario de Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne. La verdad es que parecía que estábamos en otro planeta. Hay muchísimas cosas por hacer en esta península. El Snæfellsjökull es uno de los glaciares más icónicos de Islandia y el principal punto de interés del parque. La península está formada por grandes  campos de lava y muchos tramos cubiertos por musgo que según la temperatura y las condiciones atmosféricas cambia de un verde intenso a un apagado color ocre. ¡Nada de pisarlo, ni conducir sobre él!

Nuestra primera parada fue en: Gerðuberg Cliffs, esto son columnas de basalto en las que puedes aparcar justo abajo y subir a lo alto. 

Nuestra siguiente parada era Ytri Tunga Beach, aquí se pueden ver focas y yo iba con muchísima ilusión. Sólo pudimos ver una pero a mí ya me hizo súper feliz. 

 

 Visitamos también la iglesia negra de Búdir, que se encuentra siguiendo la carretera. 

 En la península se encuentra también un cañón llamado Rauðfeldsgjár. Se puede entrar dentro de él por la brecha que se ve en el medio. Nosotros lo intentamos pero había mucho hielo en su interior y no lo vimos 100% seguro, por lo que apenas nos adentramos. 

Paramos en la cafetería de Hellnar a tomar un café y un dulce típico (también se puede llegar caminando por la costa desde Arnarstapi). Aprovechamos también para ver sus acantilados. Siguiendo por la carretera 574 se llega a un parking que indica un paseo hasta unas rocas llamadas Lóndrangar.

Una de las cosas que más me gustaron de la península fue la playa de arena negra Djúpalónssandur. Hay un parking justo a la entrada.  En esta se pueden ver los restos de un barco que naufragó en 1948.

Siguiendo la carretera se encuentra Kirkjufell, la montaña más fotografiada en Islandia. 

Día 4: 

Este día fue un día de coche bastante duro ya que nuestro siguiente hotel estaba bastante lejos. A pesar de las horas que pasamos de coche no se nos hizo muy pesado ya que los paisajes eran tremendamente bonitos.

Una de las paradas que más me gustaron de esta tramo fue Glaumbær, las casas con tejados de hierba.  Aunque de primeras nos pensasemos que la hierba crecía de manera natural en los tejados, en realidad es una antigua técnica de construcción utilizada en los países nórdicos para proteger a sus habitantes de la humedad, el frío y el viento. Es el aislante perfecto. 

Pasamos por la ciudad del norte Akureyri en la que todos sus semáforos tiene corazones. La ciudad en sí no nos dijo nada ya que hay poquito por ver.

Lo que más me sorprendió de este día fue Godafoss, la cascada de los dioses. Tiene unos 12m de altura y unos 30m de largo.

Nuestro hotel se encontraba en Husavik, conocido por sus excursiones para ver ballenas. Y la verdad que desde nuestra habitación teniamos unas vistas preciosas al mar. Aquí pasamos dos noches. 

 

Día 5:

Este día fue de mis preferidos ya que las cosas que vi me dejaron totalmente impresionada. Bajamos hasta el lago Myvatn y lo bordeamos.  Aquí vimos campos de lava de imposibles formas, cráteres de volcanes dormidos y fumarolas. Es una zona protegida y no se debe caminar por sitios no marcados. 

La primera parada fueron pseudocráteres de Skutustadagígar. Estos conos volcánicos están revestidos de vegetación y se encuentran bordeando el lago. 

Justo después pasamos por Dimmuborgiruna zona cubierta curiosas formaciones de roca volcánica, que parecen sacadas de un paisaje de otro planeta. Hay varios recorridos por hacer. El más popular es el sendero de la iglesia, que pasa por una especie de cueva. Es un trayecto de unos 3 km bien señalizados.

Visitamos el Grjótagjáque se ha hecho muy famosa ya que se grabó una escena de Juego de Tronos. Es una fuente termal dentro de una cueva.  Antiguamente  se permitía el baño, ahora está prohibido ya que dicen que la temperatura del agua es muy elevada.

Más adelante pasamos por el volcán Hverfjall, que tiene unos 450 metros de altura y un cráter de ceniza con un diámetro de más de 1000.

Cabe destacar que aquí encontramos un supermercado (Samkaup Strax) donde vendían mini pizzas y al estar comiendo, la mayoría de días comida de supermercado, para nosotros fue un manjar de los dioses. 

La sigueinte parada de nuestro día fue Hverirun lugar en el que parece que la tierra esté viva. No os hacéis una idea de lo que me chifló este sitio, es de los que más me gustó de todo el viaje. Hverir está lleno de fumadoras y pazos de barro burbujeante. Es una de las zonas geológicamente más activas de Islandia y nos dejó totalmente alucinados. Además está en una zona en la que el color de las montañas es ocre y al no haber ni una sola casa y apenas haber gente parece que estes en otro planeta. 

 Después de esta visita nos dirigimos hacia el volcán Krafla. Para llegar se pasa a través de la Krafla Power Plant lo cual parece sacado de una película. 

De aquí nos interesaba ver el cráter Viti, el cual tiene un lago interior. El cráter tiene un sendero por el cual se puede bordear todo su diámetro y poder ver bien su cono de 320m de diámetro. Esta también fue una de las cosas que más me impresiono del viaje. 

 

Una vez visto el cráter de Viti, nos dirigimos hacia la enorme cascada de Detifossla más caudalosa de Europa. Hay que decir que el ruido del agua es increíblemente alto y que impresiona muchísimo.  

Después de esto nuestra intención era ir a Vesturdalur, una zona de columnas basálticas y montañas rojas. Nos quedamos con las ganas de ir ya que la carretera estaba cortada por deshielo, por lo que no nos quedó otra que finalizar aquí nuestro día. 

Día 6:

Como el día anterior no podríamos acceder a la zona que os he comentado debido a que las carreteras estaban cortadas, miramos de ir por el otro lado. Pudimos acceder hasta Ásbyrgi, pero no pudimos llegar hasta Rauðhólar la montaña roja que a mí me hacía especial ilusión. El Cañón de Ásbyrgi es uno de los accidentes geográficos más curiosos de Islandia. Se encuentra en el Parque Nacional de Vatnajökull, en el noreste de la isla, es a simple vista, una depresión en forma de herradura de caballo. Tiene 3,5km de largo y 1 km de ancho aproximadamente. 

Nosotros dejamos el coche en el parking del camping que hay justo ahí. Y subimos por Eyjan (la isleta de en medio). Unos 5km de excursión y no nos encontramos con ni una sola persona por el camino. 

 

Después de esto mi querido macho la cagó y se equivocó de camino (tengo que admitir que yo tampoco me di cuenta del error hasta pasado bastante tiempo), por lo que salimos de la carretera principal y fuimos por una de las F dando una vuelta de la vida. Nos dirigíamos hacia los fiordos del este y tardamos unas 5-6 horas en llegar debido a nuestro errorcillo. Hicimos parada en Vopnafjörður y encontramos una cafetería donde hacían sopa del día, la cual nos pareció riquísima y a un precio asequible: Kaupvangskaffi

Nos quedamos con ganas de visitar más a fondo esa zona pero por lo menos paramos en  Seyðisfjörðurun pequeño pueblo que me pareció súper encantador, parecía sacado de un cuento. La carretera para llegar es preciosa y estaba totalmente nevada.

El pueblo se encuentra en un fiordo y está lleno de casitas de madera, muchas de ellas pintadas enteras de graffitis. Es un pueblo donde habitan muchos artistas, músicos y artesanos. 

Nuestro hotel, Fosshotel Eastfjords, estaba en Fáskrúðsfjörður, un fiordo de al lado del pueblo del que veníamos, y tengo que deciros que quedé totalmente enamorada de sus vistas. 

Nuestra habitación tenía un balcón que daba al fiordo.

Día 7:

Nos levantamos con las estupendas vistas, desayunamos en el hotel y nos dirigimos rumbo a la famosa Diamond Beach Esta es una playa volcánica de arena negra, que alberga grandes formaciones de hielo que se han ido desprendiendo del glaciar Vaknajokull, el segundo mas grande de la isla, situado en el sureste de Islandia. Estas enormes piezas de hielo viajan por la laguna Jokulsarlon hasta acabar desembocando en el mar.  La erosión del el agua del mar va tallando los grandes bloques de hielo como si fueran diamantes. La verdad que las fotos no hacen justicia porque no tiene nada que ver poder observarlos en directo. Sin lugar a dudas ha sido de los paisajes más increíbles que he visto en mi vida. 

Tengo que deciros que el viento este día era terrible y estuvimos mucho menos tiempo del que nos hubiese gustado. Empezó a granizar y con el viento nos daban, de forma bastante fuerte, tanto las "bolitas" (eran bastante grandcecitas) de granizo, como las piedras del suelo. Tuvimos que correr al coche y en los 5 minutos que tardamos en llegar nos habíamos empapado tanto que yo tenía hasta las braguitas súper mojadas. ¡Menos mal que llevábamos ropa de recambio!

Nuestra siguiente parada iba a ser la cascada: Svartifoss (o la cascada negra, como se la conoce). Esta cascada dicen que es de las más bonitas de la isla ya que presenta una peculiaridad que la hace única y especial: las columnas negras de basalto que la rodean. Nosotros decidimos descartar ver esto debido al mal tiempo que nos hizo. Llovía bastante, granizaba y el viento era terrible. Para llegar hay que caminar más o menos una hora, y a pesar de ser un camino sencillo pero con algunas subidas (o eso leímos), no teníamos ganas de caminar con dificultad y entre senderos de barro. 

Nuestro hotel para esa noche se encontraba en medio de la nada y tenía vistas al glaciar. 

Día 8:

Continuando por la carretera principal del país nos encontramos con la llanura de Eldhraun, “desierto de lava”, y su nombre viene dado porque en 1783 esta zona quedó tapada bajo la lava expulsada de la erupción del volcán Laki. Actualmente esta lava está cubierta por musgo que hace del lugar un paisaje que parece sacado de un mundo mágico.
Nuestra siguiente parada era en Vik, un pueblo junto al mar y con una iglesia famosa por salir en millones de fotografías. 
Este pueblo es famoso por su larga playa de arena negra Reynisfjara y las Rocas ReynisdrangarEstas tres rocas, que seguro habéis visto en muchas imágenes del país,  fueron originadas por la erosión del fuerte oleaje del mar, aunque los autóctonos os dirían que son trolls convertidos en piedra tras ver la luz del sol.
A pesar de que esta playa está plaga de turistas, merece muchísimo la pena parar a verla ya que es realmente preciosa. Hay que tener cuidado con las olas ya que han muerto algunos turistas al ser arrastrados por la corriente y lanzados contra las rocas.
En esta misma playa se pueden ver unas extrañas columnas hexagonales de basalto de 66m de altura. 
Justo al otro lado de este playa se encuentra Dyrhólaey, una formación rocosa, de unos 120 metros de longitud, y que tiene un curioso arco creado por la erosión del mar. Para llegar se debe subir por un camino bastante empinado de tierra y sólo los 4x4 pueden subir a este lugar (aunque vimos varios coches que subían, pero la verdad que recomendable 0).  Arriba hay un parking donde dejar el coche y poder disfrutar de las vistas y de su faro. Dicen que es un sitio fabuloso para ver frailecillos y nosotros íbamos con mucha ilusión, pero no conseguimos ver ninguno.
 
Después de esto, cogimos el coche de nuevo para dirigirnos al avión abandonado: Solheimasandur. Una de las cosas que me apasionan son los lugares abandonados, no me preguntéis porque, pero me parecen lugares con muchísimo encanto y con una extraña belleza. Así que era de esperar que quisiera parar a ver esto a pesar de que hay una buena caminata.
Durante la Guerra Fría (1973), este avión de las fuerzas aéreas norteamericanas, se vio obligado a realizar un aterrizaje forzoso en la playa Sólheimasandur. Ninguno de los tripulantes murió y el avión fue abandonado (recuperarlo era muy caro), así se generó un paisaje post-apocalíptico en medio de una desértica playa de arena negra.
Para llegar al avión hay que dejar el coche en el parking y caminar 1h aproximada de ida y otra de vuelta (a paso ligero) por un camino de arena negra. El camino es muy sencillo ya que es todo plano, pero es bastante cansado, no solo por el viento si no porque el paisaje es todo el rato el mismo. No ves el avión hasta el final y tampoco ves el mar, parece que estés caminando por un desierto de color negro. 
He de deciros que hay mucho turista en toda la parte sur de la isla. Nosotros veníamos del norte, donde podías hacer excursiones sin cruzarte a nadie y nos sorprendió la gran cantidad de gente en este otro lado de la isla.
Siguiendo el GPS llegamos a Skógafoss, una de las cascadas más famosas de la Islandia, con una altura de 62 metros. Esta caída forma una preciosa cortina de agua de 25 metros de ancho. Para ver la cascada íbamos vestidos con pantalones chubasqueros y chaqueta chubasquero. Lo recomiendo mucho ya que al poder acercarte tanto, te mojas bastante, y así, una vez visto, te quitas las prendas antes de entrar al coche y sigues el trayecto seco. 

A pocos metros se encuentra Seljalandsfoss, otra de las cascadas más conocidas. El parking estaba repleto y era de pago, lo cual nos impacto bastante, ya que como os digo, en el norte no encontramos ningún parking de pago por ver naturaleza o para hacer ninguna excursión. 

Esta cascada mide 60 m y lo que tiene de especial es que se puede caminar tras el salto de agua. Nos pusimos los chubasqueros de nuevo (no pasas por debajo de la cascada, pero el viento hace que te mojes bastante), entramos por unos de los laterales y salimos por el otro. 

A pocos metros de Seljalandsfoss, se encuentra Gljúfrabúi, una cascada escondida dentro de una roca y que fue uno de mis lugares favoritos del viaje (se va andando de una a otra). Para acceder a ella hay que atravesar un pequeño pasadizo tipo cueva por el que pasa agua.

La única forma de acceder es haciendo equilibrios apoyándote en la pared y saltando de una piedra a otra de las que asoman por encima del agua. No es hondo, pero yo recomiendo llevar botas de montaña que sean resistentes al agua. Al final del túnel, se accede a una pequeña cueva descubierta desde donde se encuentra esta bonita cascada.

Día 9:

Este día fue básicamente de coche hasta llegar a Reykjavík. Queríamos parar a ver el cráter Kerið, pero al ser de pago y haber visto ya el de Viti en el norte, la verdad que pasamos. 

Antes de llegar a la ciudad, paramos a ver el increíble Geysir, uno de los más grandes del mundo.

Al llegar al hotel, dejamos las maletas y nos fuimos a pasear por la ciudad. Es pequeña (no hace falta coger transporte público y si tienes coche es fácil aparcar).  A nosotros nos hizo muchísimo viento y lluvia, pero la verdad que a mí me encanto la capital, tiene un rollo alternativo muy guay. 

Su calle principal, Laugaveugr, está llena de tiendas de todo tipo, bares con mucho ambiente y cafetería y restaurantes. 

Alrededor  también están Austurstraeti, Laekjargata y Skolavordustigur. Todas ellas representan las mejores opciones si lo que buscas en traerte algún recuerdo o comprar ropa de invierno. Entra en tiendas y compara los precios, ya que varían mucho de un sitio a otro y ya sabemos que Islandia no se caracteriza por ser barato. 

Una de las principales visitas de la ciudad es la Iglesia Hallgrimskirkja. No tiene perdida, con sus 74,5 metros es la iglesia más alta de Islandia y visible desde muchas de las calles de la ciudad. La iglesia se puede visitar gratuitamente.

Seguimos las calles hacia abajo para dar con la zona del Lago Tjörn, una de las áreas más bonitas de la ciudad por sus típicas casas de colores. La ciudad entera es súper tranquila y se respira paz. Aquí se encuentra la Catedral de Reykjavik, la Dómkirkjan y el Reykjavik City Hall.

En Reyjkavik Old Harbour (el puerto de la ciudad) se puede comer la que dicen es la mejor sopa de langosta del mundo: Saegreifinn (además que no nos pareció cara comparado a lo que cuesta comer en Islandia). A lo largo del puerto encontraréis algunas antiguas cabañas de pescadores transformadas en restaurantes con mucho encanto.

Justo al  lado del puerto está el Harpa Concert Hall, una de las cosas que más me gustó de esta ciudad. Su fachada de hexágonos de cristal ya impresiona, pero el interior es aún mejor (también es gratuita la entrada). 

Terminamos el paseo con la obra del artista islandés Jón Gunnar Árnason. Se trata de una estructura de acero inoxidable que parece un barco vikingo.

Después de esto, y para terminar el día, decidimos coger el coche para ir al Perlan. El Perlan es un museo ideal para ver las vistas de la ciudad ya que tiene una terraza arriba con vista de 360º. Este museo no es gratuito  Nosotros decidimos entrar ya que tiene una cueva de hielo y al no haber podido realizar ninguna excursión a estas (ya que fuimos en época de deshielo), pensamos que por lo menos podríamos tener un pequeño pellizco esta experiencia desde una artificial. 

Para cenar nos fuimos al famoso: Hamborgarabúlla Tómasar

 

Día 10:

Este día decidimos ir a la Faloteca de Islandia (museo de penes). Este museo cuenta con más de 300 penes de distintos mamíferos, incluyendo el de un humano. Los que me conocen bien saben que no podría haberme ido de esta ciudad sin verlo. No tengo ninguna obsesión ni nada raro con los penes, pero este tipo de cosas fuera de lo común me rechiflan. La verdad que a nosotros nos pareció súper curioso y pasamos un buen rato. 

Al hacer tanto frío fuera, decidimos buscar una cafetería donde poder tomar algo calentito. Topamos con Café Babalú y la verdad que es un sitio muy acogedor para poder sentarse un ratito. 

Ese día comimos unos perritos en el puestecito Bæjarins Beztu Pylsur en el que dicen que hacen los mejores del mundo. La verdad que para nosotros fueron bastante sin más, muy tipo el perrito de Ikea. Vamos, que para nada recomendable, mucho mejor la sopita de langosta. 

Después de esto, pillamos el coche rumbo Blue Lagoon, un lugar muy turístico, pero que en mi opinión, vale mucho la pena visitar. Se ha de reservar con antelación. Dicen que las aguas del lago tienen efectos curativos, que provienen de sus sales. Una vez llegas, dejas tu ropa en las taquillas, las cuales funcionan con la pulsera que te dan en la entrada. Una vez tienes puesto el bikini, te dan un albornoz , te pegas la ducha obligatoria y emprendes una carrera hasta las escaleras. Y digo que te pegas una carrera porque hace muchísimo frío, pero una vez te vas metiendo dentro del agua... ¡menuda maravilla!

El agua es de un azul turquesa blanquecino y está entre 38-40º, y a pesar de que hay mucha gente, al ser enorme, no te sientes agobiado. El pack básico incluye una mascarilla facial que se encuentra en una especie de caseta en mitad del agua. También te entra una bebida, nosotros optamos por una cerveza que nos supo a gloria dentro del agua calentita. En pocas palabras, relajación total, que nos vino de lujazo después de caminar durante tantos días.

 

Hasta aquí nuestro viaje, para mí el más espectacular que hemos hecho hasta ahora. Es un viaje caro, pero realmente vale muchísimo la pena hacerlo.

Espero que os haya gustado y que pueda ayudaros en algo a las personas que vais a visitar este increíble país.

Os dejo el video que hicimos de nuestros días por la ciudad del fuego y el hielo, aviso que es casero, no es nada profesional, no os vayáis a esperar aquí una maravilla.

Un abrazo enorme,

Merchezafor

 

 



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